
BAYAHIBE, República Dominicana (AP) — Con un tanque de oxígeno atado a la espalda, Michael del Rosario mueve sus aletas con delicadeza mientras se desliza por un vivero submarino frente a la costa de República Dominicana, mostrando con orgullo las "bebés coralinas" que crecen en estructuras metálicas que parecen arañas gigantes.
El conservacionista señala con entusiasmo con el dedo los corales más grandes, que apenas comienzan a revelar sus vibrantes colores.
Del Rosario ayudó a plantar estos diminutos animales en el vivero tras su concepción en un laboratorio de reproducción asistida de la organización de conservación marina Fundemar. En un proceso similar a la fertilización in vitro, el óvulo y el espermatozoide de coral se unen para formar un nuevo individuo.
Es una técnica que está ganando impulso en el Caribe para contrarrestar la drástica pérdida de corales debido al cambio climático , que los está matando al calentar los océanos y dificultando que los que sobreviven se reproduzcan naturalmente.
Un rayo de esperanza
“Vivimos en una isla. Dependemos completamente de los arrecifes de coral, y verlos desaparecer es realmente deprimente”, dijo del Rosario al volver a la superficie, con las palabras fluyendo como burbujas bajo el agua. “Pero ver a nuestros corales crecer, vivos, en el mar nos da esperanza, que es lo que estábamos perdiendo”.
El estado de los corales en la República Dominicana, al igual que en el resto del mundo , no es alentador. El último monitoreo de Fundemar del año pasado reveló que el 70% de los arrecifes de la República Dominicana tienen menos del 5% de cobertura coralina. Las colonias sanas están tan separadas que la probabilidad de que los huevos de un coral se encuentren con el esperma de otro durante la temporada de desove está disminuyendo.
“Por eso los programas de reproducción asistida son tan importantes ahora, porque lo que antes era normal en los arrecifes de coral probablemente ya no sea posible para muchas especies”, declaró la bióloga Andreina Valdez, gerente de operaciones de Fundemar, en el nuevo centro de investigación marina de la organización. “Ahí es donde entramos nosotros para ayudar un poco”.
Aunque mucha gente piense que los corales son plantas, en realidad son animales. Desovan una vez al año, unos días después de la luna llena y al anochecer, cuando liberan millones de óvulos y espermatozoides en un espectáculo que convierte el mar que los rodea en una especie de Vía Láctea. Fundemar monitorea los periodos de desove, recolecta óvulos y espermatozoides, realiza fertilización asistida en el laboratorio y cuida las larvas hasta que alcanzan la madurez necesaria para ser llevadas al arrecife.
En el laboratorio, Ariel Álvarez examina con un microscopio una de las piezas en forma de estrella donde crecen los corales. Son tan diminutas que apenas se pueden ver a simple vista. Álvarez apaga las luces, enciende una luz ultravioleta y las formas redondeadas y fractales del coral aparecen a través de una cámara del microscopio, proyectadas en una pantalla.
Una sala del centro de investigación alberga docenas de peceras, cada una con cientos de diminutos corales que esperan ser devueltos al arrecife. Del Rosario explicó que el laboratorio produce más de 2,5 millones de embriones de coral al año. Solo el 1% sobrevivirá en el océano; sin embargo, esa cifra es mejor que la tasa actual de fertilización natural en estos arrecifes degradados, añadió.
Cambio de técnicas
En el pasado, Fundemar y otras organizaciones de conservación se centraban en la reproducción asexual. Eso significaba cortar un pequeño trozo de coral sano y trasplantarlo a otro lugar para que creciera uno nuevo. El método puede producir corales más rápido que la fertilización asistida
El problema, según Andreina Valdez, es que clona al mismo individuo, lo que significa que todos esos corales comparten la misma vulnerabilidad a las enfermedades. En cambio, la reproducción sexual asistida crea individuos genéticamente diferentes, lo que reduce la probabilidad de que una sola enfermedad los afecte a todos.
Australia fue pionera en la fertilización asistida de corales. Se está expandiendo en el Caribe, con proyectos líderes en la Universidad Nacional Autónoma de México y la Fundación Carmabi en Curazao, y se está adoptando en Puerto Rico, Cuba y Jamaica, afirmó Valdez.
“No se puede conservar algo si no se tiene. Por eso, estos programas están ayudando a expandir la población existente”, afirmó Mark Eakin, secretario de correspondencia de la Sociedad Internacional de Arrecifes de Coral y jefe retirado del programa Coral Reef Watch de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos.
Pero el mundo aún debe enfrentar “el enorme problema del cambio climático”, dijo Eakin, o gran parte del trabajo de restauración “simplemente desaparecerá”.
La quema de combustibles fósiles como el petróleo, el gas y el carbón produce gases de efecto invernadero que retienen el calor en la atmósfera, elevando las temperaturas tanto en la superficie terrestre como en los mares. Los océanos se están calentando al doble de ritmo que hace 20 años, según el último Informe sobre el Estado de los Océanos de la UNESCO, publicado el año pasado.
Y eso es devastador para los corales. El aumento de temperatura les provoca enfermedades y expulsa las algas que viven en sus tejidos y les proporcionan sus llamativos colores y alimento. El proceso se conoce como blanqueamiento porque expone el esqueleto blanco del coral. Los corales pueden sobrevivir, pero se debilitan y son vulnerables a enfermedades y a la muerte si las temperaturas no bajan.
La mitad de los arrecifes del mundo se han perdido desde 1950, según una investigación de la Universidad de Columbia Británica publicada en la revista One Earth.
Más que lindas criaturas
Para países como República Dominicana, en el llamado "corredor de huracanes", la preservación de los arrecifes es particularmente importante. Los esqueletos de coral ayudan a absorber la energía de las olas, creando una barrera natural contra olas más fuertes.
“¿Qué vendemos en República Dominicana? Playas”, dijo del Rosario. “Si no tenemos corales, perdemos la protección costera, perdemos la arena de nuestras playas y perdemos el turismo”.
Los corales también albergan más del 25% de la vida marina, lo que los hace cruciales para los millones de personas en todo el mundo que se ganan la vida con la pesca.
Alido Luis Báez lo sabe bien.
Aún no amanece en Bayahibe cuando se sube a un bote para pescar con su padre, quien a sus 65 años todavía sale al mar cada semana. El motor ruge mientras recorren kilómetros y kilómetros hasta que la costa se pierde en el horizonte. Para pescar atún, dorado o marlín, Luis Báez navega hasta 80 kilómetros mar adentro.
“Antes no teníamos que ir tan lejos”, dijo. “Pero debido a la sobrepesca, la pérdida de hábitat y el cambio climático, ahora hay que ir un poco más lejos cada día”.
Las cosas eran muy diferentes cuando su padre, también llamado Alido Luis, comenzó a pescar en la década de 1970. En aquel entonces, salían en un velero y los arrecifes de coral estaban tan sanos que encontraban muchos peces cerca de la costa.
“Antes era buzo y pescaba muchas langostas y caracoles rosados”, dijo con la voz debilitada por el paso del tiempo. “En poco tiempo, pescaba entre 23 y 27 kilos. Pero ahora, para pescar dos o tres, se pasan todo el día ahí fuera”.
Del Rosario dijo que aún hay tiempo para detener el deterioro de los arrecifes.
“Por supuesto, aún queda mucho por hacer… pero estamos invirtiendo mucho esfuerzo y tiempo en preservar lo que tanto amamos”, dijo. “Y confiamos y creemos que muchas personas en todo el mundo están haciendo lo mismo”. AP.
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