Confesión de un mal gerente

Por: Francisco Paniagua.
"La Suprema Corte de Justicia es el órgano jurisdiccional superior de todos los organismos judiciales" así se autodefine ese supra poder que se constituye como el tercero de los poderes según la constitución de la república.
Desde la salida de Jorge Subero Isa en el año 2011 esa entidad perdió el carácter de independencia, sus sucesores fueron parte de la nueva cultura del entonces gobernante Partido de la Liberación Dominicana quienes asumieron la justicia como una extensión del poder ejecutivo para nombrar miembros del partido, la estrategia que tenía trasfondo de blindaje comenzó con Mariano Germán Mejía un miembro del partido y alfil del entonces presidente Leonel Fernández.
A Germán lo sucedió el actual presidente del organismo cuyo mayor mérito era el ser el compañerito más cercano al gobierno de turno; literalmente lo bajaron de una caravana para ir a postularse. En este nuevo esquema se ha iniciado un deterioro progresivo de la gestión al frente del mayor estamento de justicia, desde la negación de justicia, mora judicial y un clientelismo judicial que tienen todo el sistema congestionado y con la justicia más cara de la región. Con todas estas sumatorias de infortunios el flamante presidente de la suprema le dice al país que tras casi siete años de gestión la justicia colapso.
¿Cómo tomamos esta declaración?
Personalmente lo veo como una confesión de incompetencia, puesto que él es quien debió generar los cambios que hicieran avanzar el poder judicial o por lo menos que evitaran su colapso.
Luis Henry Mejía vio pasar modificaciones al código procesal penal, al código penal e incluso a la constitución de la república y nunca se le escuchó hacer una sola propuesta que fuera en dirección a mejorar las condiciones de la justicia y quienes la ejercen.
La confesión debe servir al Consejo Nacional de la Magistratura para evitar a todas costas no solo que Molina continúe al frente de una institución que claramente le ha quedado grande, sino evitar también que otro compañerito asuma el control de un poder del estado que debe servir de contrapeso a quienes gobiernan.
¡Oh Montesquieu ilumínalos!!
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